lunes, 9 de noviembre de 2009

Desesperaciones en cadena

Hace más de un mes que el barco atunero Alakrana, con tripulación española, procedente de Bermeo, pero con pabellón de Seychelles (por eso de las vistas gordas y las ventajas fiscales), fue secuestrado por piratas somalíes. Treinta y seis días dan para hablar mucho, para que el Gobierno intente actuar, para que los partidos políticos presenten sus cartas y compitan por llevarse la mejor parte del pastel de la opinión pública y para que las tertulias de los medios se llenen de sus vociferadores sin bozal reproduciendo el fax de la mañana.

Pero, entre tanto, todo el mundo se mira su ombligo y nadie se centra en el origen del problema, en el porqué de la piratería, una manera desesperada de conseguir dinero en un país donde no hay nada que comprar. Para intentar evitarlo, desde unos foros se aboga por la intervención militar dura, desde otros, por llenar los barcos de mercenarios, inexpertos, sin formación militar adecuada y engañados para lo que van. Mientras, los familiares, fruto del lógico desaliento (y ahí les entiendo plenamente), exigen cualquier cosa, por absurda que sea, para conseguir que sus allegados vuelvan a casa, como la intervención de la Casa Real como si a los piratas les importase el modelo de Estado nuestro o incluso de qué país son lo secuestrados.

Por su parte, el Gobierno negocia poniendo sobre la mesa dos piratas detenidos, a los que poco importa a sus colegas, porque donde hay hambre y nada que comer no se tiene amigos. En este asunto, mandar a los dos piratas detenidos a ser juzgados a Somalia (más bien a Mogadiscio) es prácticamente enviarlos a la nada. Primero, porque en un país sin Estado se supone que tampoco tenga una justicia ni muy asentada ni muy justa, precisamente; y segundo, porque con cualquier pequeño movimiento político-militar en la zona va a cambiarles su situación, para bien o para mal.

Somalia no existe, no hay un Estado que organice la sociedad ni un Gobierno capaz de asentarlo. Somalia es una tierra que desde hace veinte años se organiza entre señores de la guerra, fanáticos religiosos y millones de personas luchando por no morir desnutridos y matando por sobrevivir. Si existiese el infierno, seguro que sería algo parecido a aquello.

En una situación así, no cabe más que los piratas lo sean por necesidad, que sean gente que se arriesga a cualquier contratiempo con tal de poder llenar el buche cada día. En cuestión de supervivencia el ser humano se convierte en la más terrible fiera, sobre todo cuando no se ha visto más que armas, hambre, sometimiento y fanatismos. Ante eso, de poco vale cargar de mercenarios los barcos y de mandar flotas militares al mar Rojo. Si no se actúa sobre el origen del problema, lo único que se conseguirá es poner un parche que a la larga agudizará aún más un conflicto que va camino de eternizarse y que poco parece importar a Occidente más allá de los peligros que conlleva la explotación de caladeros lejanamente ajenos.

jueves, 5 de noviembre de 2009

La lustrosidad de la vieja piedra

El ojo humano se centra directamente el color claro sobre el oscuro. Hoy las columnas, los grifos y los leones del palacio del Infantado destacan más que nunca. El rojo de las paredes, que substituye al sucio blanco al que estábamos acostumbrados, trata la amarilla piedra con delicadeza, la acaricia con suavidad y la ayuda a relucir más limpia y pulida.

Al principio es impactante para un ojo acostumbrado a tener que forzar la vista para diferenciar lo que es y no pared, pero pronto éste se fija más en las sinuosas tallas claustrales, en los arcos, en el retorcimiento de las columnas, en los grandes ventanales con reja y tragaluces escondidos a pie de los pies, en las vetustas puertas de los habitáculos del palacio, en las improvisadas macetas sin orden alguno y en el suelo de cantos rodados.

La nueva imagen del patio de los Leones del Infantado tuvo su estreno de gala con el Tenorio Mendocino de la noche del viernes 29 de octubre, con un escenario plagado de verdes plantas, dos biombos en rejilla, una mesa de madera de roble y el típico sofá del aposento de don Juan. Además, con toda modestia, el placer lo tuve yo cuando subí al escenario a recitar una breve parrafada en tan margnífico marco. Quizá sea una simple anécdota, pero me tomo la molestia de asomar un poco mi cabeza en la ya vieja historia del palacio del Infantado.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Post scriptum

El nuevo presidente de Caja Madrid será finalmente Rodrigo Rato. El dedo de Rajoy ha decidido. Es la primera vez que en una democracia alguien sin poder toma una decisión que afecta a todos los ciudadanos. Los españoles seguimos dispuestos a inventar una nueva democracia, la nuestra, pegándole patadas a la decisión de los ciudadanos.
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miércoles, 28 de octubre de 2009

De cómo corromper la democracia y volver al mito de las dos Españas

Entre negociaciones y discusiones sobre quién debe presidir Caja Madrid, se está tratando la democracia con una patada en el culo. Claro está que importa más mantener o aumentar su cuota de poder que el dinero de los clientes de la caja y los intereses de los madrileños, dueños al fin y al cabo de ésta. Y todo viene de la lucha por el poder de dos trepas reconocidos de la política, Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, y Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid. Cada uno quiere poner a su candidato como una forma de ganar sitio para cuando llegue la ansiada sucesión en la presidencia de su partido, ya sea por elección o por dedazo. Entre unas cosas y otras, lo que ahora nos concierne es que, al parecer, ambos están convencidos de que la batalla finalmente la tendrá que dirimir Mariano Rajoy, el presidente de su partido.

Pero vayamos por partes. El consejo de administración de Caja Madrid debe ser elegido por la asamblea, pero en este caso no hay acuerdo entre los asamblearios, encabezados por Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, por lo que se les ha ocurrido la feliz idea de que como ambos están gobernados por gente del Partido Popular, ha de ser el presidente de éste quien arbitre, es decir, quien elija en última instancia al presidente de la caja y a su consejo de administración. ¿Pero quién es Mariano Rajoy? No es más que un diputado, líder del principal partido de la oposición; punto. No tiene poder ni está legitimado para tomar decisiones administrativas ni para gobernar más allá de su partido político. ¿Cómo que debe ser Rajoy entonces?

Caja Madrid es una entidad financiera pública que pertenece a los madrileños (de la región y del municipio) y que están representados en su asamblea por los ayuntamientos, la Comunidad de Madrid y las principales fuerzas sociales. No es una empresa del Partido Popular. Si la asamblea no se pone de acuerdo sobre quién debe dirigir la caja, tendrá que ser una institución acreditada y legitimada la que arbitre, o seáse, Banco de España; o sino, antes que cualquier partido político, el Gobierno de España, que para eso tiene el mandato otorgado por el Congreso de los Diputados.

Si finalmente es Mariano Rajoy quien decide, y nombra, al presidente de Caja Madrid, éste carecerá de toda legitimidad porque el presidente del PP como tal no tiene poder de decisión alguno, por mucho que el afortunado sea el mejor de los posibles.

Pero mucho más grave aún es saltarse a la torera la decisión de la ciudadanía a la hora de otorgar poderes, y que sea cualquier diputado quien pueda decidir sobre todos es una sucia forma de corromper la democracia.

Pero es que en este país ya estamos acostumbrados a que el líder de la oposición, se llame como se llame y sea del partido que sea, actúe como si fuera el presidente de media España, de los diez millones (y sus correspondientes familias) que le votaron, asistiendo a asuntos de Estado como tal y ya encima tomando decisiones que no incumben a su partido solamente, sino a la sociedad en toda su amplitud. Este es el verdadero mito de las dos Españas que se dedican a fomentar nuestros políticos.

domingo, 18 de octubre de 2009

(Paréntesis)

Aveces los temas más complejos y confusos no necesitan más de tres líneas para ser explicados. He aquí a Ramón Lobo hoy en su blog, que en un solo párrafo ha expresado magníficamente el doble rasero que sólo puede mostrar ser humano.

"Cada 3,6 segundos una persona muere de hambre o de enfemedades relacionadas con el hambre, pero nadie se manifiesta por ellos, siquiera esta derecha española a la que le resulta más sencillo defender el derecho a la vida de un óvulo que el de quienes están condenados por el sistema económico que patrocinan."


sábado, 17 de octubre de 2009

Elección política de un españolito medio

Los españoles, y me temo que la mayoría de los ciudadanos de los países ricos, tenemos una forma muy peculiar de elegir nuestras preferencias políticas. A priori es sencilla: decántate por unas siglas a las cuales llamarás izquierda o derecha según se diga cada cual y síguelas incondicionalmente, repite su discurso vago y lleno de tópicos continuamente,en las tertulias del bar, en la cola del banco o echando una partida de mus, y berrea y menosprecia al que apoya a las contrarias. Pese a parecer fácil, forjar esta identidad requiere en nuestro país un proceso de evolución desde nuestra adolescencia hasta la madurez.

El curioso hecho comienza a ser consciente desde la edad del pavo, cuando las hormonas empiezan a dar al ser humano una intranquilidad, un deseo de independencia y una bordería traída por la necesidad de comerse el mundo y la boca más cercana. Se produce la primera gran elección que determinará nuestro pensamiento si no toda, gran parte de nuestra vida: rojo o facha. No hay más elección, si se quiere estar en el mundo y en la moda, o se es "anarquista-marxista-comunista-socialista" o se es "fachilla-hitleriano-franquista".

Varios son los elementos que se toman para externelizar la nueva ideología. Si se es rojo, se es republicano y se apoya a CNT, PCE, PCPE, ERC (si se es catalán), Batasuna (si se es vasco), BNG (si se es gallego) o todos juntos, como si fuesen la misma causa y fuesen completamente compatibles. A esas edades, con pocas ganas de estudiar y encima en la ESO da igual los avatares históricos, las luchas y conspiraciones entre unos y otros, los orígenes, etcétera. Pero no vale con cantar "si los curas y frailes supieran la paliza que se van a llevar" (una de tantas que se aprenden por entonces), hay que remarcarlo con estrellas rojas en la mochila, logos de grupos como Reincidentes, Boikot, La Polla Records o Mano Negra (es la música que le debe gustar a buen un rojo de toda la vida, aunque últimamente también se les une Macaco, Muchachito Bombo Infierno o Huecco) [1], peinados extrafalarios, ropa de Floritos, camisetas de los mismos grupos que antes he mentado, una cierta atracción por la marihuana y las litronas de cerveza.
Las fuentes de inspiración son muchas: los padres, los amigos, los padres de los amigos, lo que les haya impactado a los amigos y por lo tanto a uno mismo, lo que esté de moda en ese momento entre el entorno de amigos... Claro, que los amigos también se empiezan a hacer en función de si son rojos o fachas; es como una pescadilla que se muerde la cola.

Si se opta por ser facha, la transformación diaria mañanera no es menos complicada. Se es facha a todos los efectos: se alza el brazo ala aire y se canta el Cara al sol, se emociona uno al ver un pollo negro rampando por el viento, apoya incondicionalmente a la Falange de turno que haya en el barrio o toque por elección supina (inicialmente se desconoce la varidedad de Falanges y se apoya a todas a la vez, aunque realmente se peguen entre ellas) hasta que uno se harta de tanto dedo corazón y se acaba tirando hacia el PP (PNV en el caso de los vascos y CiU en el caso de los catalanes) , que resulta que es Hispania institucionalizada. No pregunte quiénes fueron Goebles, Himmler, Anton Drexler o Gregor Strasser, da igual; Hitler era el líder, Mussolini su lugarteniente y Franco su personalidad en la España nuestra y levantada; con eso basta.
La indumentaria habitual pasa por pulseras rojigualdas , jerséis con rivetes rojigualdas, polos con cenefa en cuello y puños rojigualdas, citurón rojigualda, calcetines blancos con dos rayas rojas y una amarilla en entre ambas, crucifijos rojigualdas... Cualquier cosa es válida si permite mostrar lo buen español que es uno. Porque ser buen español significa llevar la bandera grabada hasta en la bragueta, cantar el Cara al sol, gritar viva España (o arriba, según se dé), ir a misa los domingos (si se puede uno levantar de la cama) y votar al PP (CiU o PNV, según casos). Ser buen ciudadano y respetar y trabajar por los demás españoles da igual; eso si son españoles y no catalanes o vascos o rojos, o todo junto, que no son españoles sino escoria. Puede aplicarse del mismo modo si se es catalán o vasco, solamente hay que cambiar los colores de los trapos nacionales.
La inspiración viene del mismo lado que los rojos, solo que esta vez los avatares de la vida les ha llevado a la elección correcta y no al grave error de esos guarros desarrapados.

Cuando ya se tienen diecisiete o veinte años ya no se es rojo o facha, se evoluciona a "de izquierdas" o "de derechas". Algunos comienzan a militar en esos órganos de adoctrinamiento y comida de seso de los partidos políticos llamados comúnmente juventudes. A algunos otros les da por estudiar y a otros, los más, por buscar trabajo en cualquier lado. Esta fase apenas afectará a la potenciación del sentimiento ideológico, únicamente que los primeros buscarán bien formas de explicar la ideología (los menos), bien formas de justificarse con argumentos vagos, pobres, falaces y fáciles de llevar a la masa (los más). Los segundos seguirán embruteciéndose merced a los primeros.

Llegada la madurez ya se es de izquierdas o de derechas, o séase, del PSOE (con pequeñas excepciones, reminiscencias de la juventud) o del PP (CiU si se es catalán o PNV si se es vasco). Pero aveces la madurez también lleva a la posibilidad de un cambio. Se puede pasar de militar en grupos maoístas y tirar cócteles molotov en las manifestaciones contra la policía a presidir organizaciones ultraliberales, o de ser una prolífica joven promesa del neofascismo europeo a un autoconvencido marxista. Aunque siempre queda algo de lo vivido, todo marca de cierto modo.

España es un país en el que no importa lo que digan los partidos. Nos acostumbramos a un discurso que seguimos incondicionalmente, que acatamos o despreciamos según venga de mi partido elegido o del prófugo hereje. Casi nadie se ha parado a pensar si lo que divulgan los políticos por sus bocas es lo que realmente uno cree que es mejor, menos bueno o peor, si hay otras alternativas, si se puede mirar de otra manera. En fin, nadie se ha parado a hablar con los clásicos, ver la historia, discutir consigo mismo, forjar un pensamiento propio independientemente de lo que divulguen los políticos de turno porque actúe bajo unas siglas determinadas. Lejos quedan las teorías de la democracia de Joseph Schumpeter o Anthony Downs, entre otros muchos, por las cuales los partidos aclimatan su discurso a los deseos de la gente. Más bien, los partidos buscan los intereses de los suyos y convencen a la gente con lo que quiere oír para que le voten. Un verdadero círculo vicioso que adormece a las masas y viene muy bien a los poderosos para mantenerse en la cúspide aún trabajando mucho cual oligarcas y no tanto por los ciudadanos.

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[1] Perdón por mentar a todo estos grupos musicales. No es mi intención devaluar su trabajo (todo lo contrario), sino reflejar una realidad social.

sábado, 3 de octubre de 2009

Olimpismo geopolítico

Pocos dudarán a estas alturas que los Juegos Olímpicos más que un evento deportivo es un acontecimiento social y un símbolo político, y más viendo el despliegue diplomático de la última elección de sede. Que unos Juegos Olímpicos hubiesen ido a Estados Unidos, sobre todo tras la muestra de soberbia y prepotencia mostrada por Barack H. Obama y esposa pretendiendo que con su sola presencia de 59 minutos en Copenhague los miembros electores del COI se convenciesen para votar por Chicago [1], hubiese sido una vuelta a la expansión del gran imperio americano en contra de toda lógica de la realidad actual. Unos Juegos Olímpicos bien aprovechados suponen un empujón fundamental para el desarrollo de una ciudad y de un país, como se mostró en el caso nuestro de Barcelona [2]. La ciudad cambia radicalmente y el país se puede convertir en un centro importante en su región si consigue mantener la atención del mundo y la fortaleza que da ello. Río de Janeiro y Brasil están llamados a convertir estos Juegos de 2016 en su rampa de lanzamiento definitiva hacia su nueva situación en el mundo del siglo XXI.

La elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos de 2016 supone la reafrmación de la nueva situación geopolítica del mundo, en el que la superpotencia imperial ya no maneja el mundo a sus anchas, sino que aparecen nuevos grandes actores capaces de disputarle regionalmente ese dominio. Primero fue China, ahora Brasil y probablemente Rusia en 2020, unidos a Sudáfrica con su mundial de 2010, y quién sabe si pronto India, Argentina o cualquier otra potencia emergente. El mundo cambia a pasos agigantados y es la hora de las grandes potencias regionales, de un reequilibrio de fuerzas que a mediados de los 90 parecía imposible [3].

Lula da Silva, un tornero sin alma máter, hijo de humildes trabajadores, ha sido capaz de convertir un desastroso país, empobrecido y a punto de la revolución social, en uno de los ejes en los que se moverá el mundo en este siglo XXI. Queda demostrado que Estados Unidos ya no lo puede todo; Obama tampoco.

Felicidades, Brasil. Felicidades, Mundo.

(Foto: El País)
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[1] Más bien, consiguió el efecto fue el contrario. Desde los nefastos Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 (entre los éxitos Barcelona 1992 y Sídney 2000, para más señas) y las corruptelas de los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002, Estados Unidos no está bien apreciado por el Comité Olímpico Internacional, y la muestra de soberbia prepotencia ayudó a que los electores que dudasen entre "Chicago sí" y "Chicago no" se inclinasen finalmente hacia la segunda opción.

[2] Bien es cierto que no se puede achacar el desarrollo sólo a ésto, los Juegos Olímpicos de Barcelona sí contribuyeron en buena medida para dar un último empujón a que España se afirmase como una potencia media y dejase de ser un país aislado, sucio y carca, del sur de Europa (casi África) como había sido hasta entonces.

[3] En parte hay que dar las gracias al cowboy George W. Bush, que con su política impositiva belicista dio pie a que nuevas potencias se revelasen contra el Imperio.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Abrir o encerrarse

Las elecciones presidenciales de Portugal del 28 de septiembre tuvieron un aliciente añadido, más allá de la crisis, los modelos económicos y sociales, etcétera. Los portugueses tuvieron que elegir entre la apertura o el aislamiento. El discurso y el programa de Manuela Ferreira, candidata del Partido Social Demócrata (conservador, del cuño de Durão Barroso, aunque su nombre confunda al más pintado) , con un tinte anti-español al más puro estilo tradicionalista retrógrado, quedaba fuera de toda posibilidad de aplicación en la realidad. Como ya expliqué en alguna ocasión anterior, la geopolítica actual no da concesiones a pequeños territorios aislados; les deja poco margen de autonomía e independencia y los somete a los dictámenes de las potencias que los explota y se reparten el mundo a su costa. Por ello, todo país europeo hoy en día necesita formar parte de una gran federación de estados, y las comunicaciones son fundamentales para vertebrar el proyecto de la Unión Europea en el que está Portugal. Y para Portugal, la puerta hacia Europa es España, como para España es Francia, por lo que las comunicaciones entre los dos países hermanos son tan fundamentales como inevitables, por la geografía, por la historia y por el presente.

Manuela Ferreira siguió el viejo principio lacaniano de definir primero al otro para finalmente definirse a sí mismo. Pero erró haciéndolo negativamente y volviendo a un nacionalismo espantosamente recalcitrante, propio de retrógrados enfangados en viejas lides medievales [1]. El victimismo y el odio al vecino, más que autoafirmación o autodeterminación, hoy supone encerrarse en balde a un sistema geopolítico mundial que exige grandes actores y que no tiene piedad con los que eligen poner aduanas y cortar caminos de frontera.

Afortunadamente, los portugueses apostaron por continuar abriéndose al mundo, a participar como un actor importante a través de la Unión Europea, y dieron una respuesta rotundamente negativa al cerrojazo que supondría más que libertad e independencia, servidumbre y sometimiento.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9f/Puente_de_Ayamonte_editada.jpg
Foto: Puente Internacional del Guadiana, entre Ayamonte (España) y Castro Marim (Portugal).
Fuente: Wikimedia Commons

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[1] Ojo, este nacionalismo profundamente autarquista lleva mucho tiempo haciéndose hueco en el pensamiento de muchos integrantes del Partido Popular Europeo, sobre todo del sur y del este.

martes, 15 de septiembre de 2009

Rodríguez Zapatero prepara la presidencia española de la UE y de paso hace negocio

En plena expansión (al menos verborreicamente) de las energía renovables, el Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha tenido en los últimos días entrevistas con tres Presidentes de países con claro interés hidrocarbúrico. Primero fue el de Venezuela, Hugo Chávez, que entre chascarrillos con el Rey y visitas intelecto-literarias se permitió anunciar a bombo y platillo el descubrimiento por parte de Repsol del mayor pozo de gas natural del mundo en su país[1][2]. Después llegó Evo Morales, Presidente de Bolivia, acompañado por su Ministro de Hidrocarburos, Óscar Coca, para negociar las nuevas condiciones de venta de gas y petróleo a España[3].

Para entrevistarse con el tercero, Dimitri Medvédev, Presidente de Rusia, ya no esperó en la puerta del palacio de la Moncloa, sino que cogió un avión, previo paso por París, rumbo a la gran estepa del este, la mayor fuente de petróleo y gas del mundo[4]. Desde luego, entre los temas que seguro que estuvieron sobre la mesa, y sobre todo tras hablar (y negociar) con Chávez y Morales, estuvo el del abastecimiento de combustible fósil a España desde Rusia.

Resulta curioso que desde un Gobierno que apuesta (en teoría) por las energías llamadas "verdes", se trate de amarrar el abastecimiento de petróleo y gas (combustibles muy contaminantes) durante varias décadas, asegurándose (en la medida de lo posible en países tan inestables políticamente como son los latinoamericanos) un negocio a largo plazo y con una alta rentabilidad para Repsol. ¿Será que la crisis económica ha retrasado el cierre de decenas de centrales térmicas que ensucian los aires de media España?

Pero de esta apretada agenda semanal de Rodríguez Zapatero llena de asuntos internacionales trae consigo un segundo objetivo, que es preparar la presidencia española de la Unión Europea. Por una parte, España es el brazo que une Europa con Latinoamérica, por lo que los contactos con Chávez y Morales se prodigarán con otros gobernantes latinoamericanos en las próximas semanas y hasta junio de 2010. La cuestión está en relanzar los intereses económicos europeos en el continente, y especialmente los españoles a través de Europa, donde encuentra un duro competidor al que se le está atragantando su patio trasero, Estados Unidos. España y Europa han de sacar tajada de esta situación de incertidumbre estadounidense para por fin asentar su influencia en Centro y Sudamérica.

Por otra, Rodríguez Zapatero parece decidido a remarcar ese eje Madrid-París-Berlín-Moscú, cuyo último cordel trata de desdibujar Estados Unidos vía Chequias, Polonias, Bielorrusias o Kosovos. Conseguir una intensa y persistente fluidez entre la Unión Europea y Rusia supondría un empujón más a la influencia europea en el mundo y un duro golpe a la maltrecha hegemonía estadounidense, que vería resurgir el poder económico europeo como el ave fénix, algo no previsto cuando George Marshall ideó su ambicioso plan de recuperación para el Viejo Continente, al cual consideraban tras la Segunda Guerra Mundial un fiel aliado fácilmente comprable y manejable (todavía recuerdo el discurso de Robert Kagan pretendiendo que Europa siga besando los pies de la "Gran América" como cobro por haberle salvado de la apocalipsis fascista[5]).

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[1]El País. "Repsol hace en Venezuela el mayor descubrimiento de gas de su historia". Sábado, 12 de septiembre de 2009. http://www.elpais.com/articulo/economia/Repsol/hace/Venezuela/mayor/descubrimiento/gas/historia/elpepieco/20090912elpepieco_2/Tes
[2]La Moncloa.es "Las relaciones entre la UE e Iberoamérica centran el encuentro del Presidente del Gobierno con el Presidente de Venezuela". Viernes, 11 de septiembre de 2009. http://www.la-moncloa.es/ActualidadHome/2009-2/110909Chavez.htm
[3]El País. "El Presidente de Bolivia visita a Zapatero en septiembre". Miércoles, 26 de agosto de 2009. http://www.elpais.com/articulo/espana/presidente/Bolivia/visita/Zapatero/septiembre/elpepiesp/20090826elpepinac_12/Tes
[4] El País. "Zapatero impulsa un salto cualitativo en las relaciones con Rusia". Lunes, 14 de septiembre de 2009. http://www.elpais.com/articulo/internacional/Zapatero/impulsa/salto/cualitativo/relaciones/Rusia/elpepuint/20090914elpepuint_4/Tes
[5] KAGAN, Robert. Poder y debilidad: Europa y Estados Unidos en el nuevo orden mundial. Taurus. Madrid, 2003.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Lo de Afganistán es una guerra

No queramos negarlo. Por muchas elecciones que se celebren y por mucho que se envíen tropas militares en son de paz (el ejército es lo que es y está para lo que está), lo que pasa en Afganistán, y que no hay quien se atreva a definirlo, es una guerra. Y es una guerra con cuarteles pero sin perspectivas. Con cuartel para proteger a su vecino Pakistán, país con bombas nucleares y con capacidad para fabricarlas, de la posible toma de control de talibanes y al-Qaida, dando por entendido que la democracia es imposible en una sociedad sin cultura democrática, y más si se trata de imponer con metralla (no creo que todavía haya nadie tan ignorante como para creer lo contrario, ¿o si?). Sin perspectivas porque Afganistán se ha convertido, en contra de lo que se pensaba en un principio, en un hervidero incontrolado, en un verdadero quebradero de cabeza para los gobiernos de los países OTAN.

Las soluciones son pocas, si no nulas. No se puede salir de allí, y tampoco sabemos si las fuerzas de la OTAN van a ser capaces de aguantar mucho más tiempo en un país con un Estado muy débil. Si se sale, se apuesta por la inestabilidad y el caos más absoluto en una zona en plena ebullición violenta y con la posibilidad de que el control de Afganistán vuelva a unos fanáticos religiosos (ni más ni menos que quien encendió la cerilla en el pajar, por cierto), que además amenazarían al frágil Gobierno de Pakistán, país, repito, nuclearizado. Si se continúa, es sin tener claros unos objetivos, sin saber a qué atenerse y con una sufrida incertidumbre, con las consecuencias de pérdidas de efectivos militares, de millones de dólares y euros invertidos en un fondo de inversión de máximo riesgo y de seguir alimentando un fuego que no recibe agua.

También hay que tener en cuenta que Talibán y al-Qaida, que una vez fueron aliados contra la URSS y ahora son los peores enemigos de la historia, no son grupos de personas, son ideologías que se nutren de adeptos, y como tales son capaces de fabricar fieles a la causa mucho más rápidamente que se masacran a los ya devotos.