lunes, 15 de junio de 2009

Atención, señores ciudadanos


El 29 de mayo, un aviso se anuncia desde la megafonía: "Atención, señores viajeros. Metro de Madrid informa...". La misma megafonía el 15 de junio: "Atención, señores clientes. Metro de Madrid informa...".


Cuando uno deja de ser considerado ciudadano (ya sea tomando forma de viajero cuando se desplaza en un medio transporte, ya sea la de usuario, la de contribuyente, etcétera) y se pasa a ser considerado cliente, no cabe menos que preocuparse. Hasta ahora, cuando uno acudía al reclamo de un servicio público, lo usaba como un ciudadano más de la inmensa sociedad. Cada vez más a menudo uno se presenta ante los servicios públicos como un cliente, individual, sin considerar tan siquiera si se forma parte de la sociedad que el Estado representa o se es un minúsculo ser en medio de una selva devoradora e insolidaria.

El ciudadano goza de unos derechos civiles, unos derechos sociales y unos deberes cívicos. El cliente tan solo goza de unos mínimos derechos como tal que le protege contra el abuso del otro particular. El ciudadano lo es por el hecho de ser persona y goza de unos derechos y unos deberes por el hecho de ser ciudadano. El cliente goza de unos mínimos derechos por el hecho de pagar un precio; si tal no se produce, se deja de ser cliente y se pierde tales derechos.

Tanta gente quemada por tratar de conquistar unos derechos civiles individuales, tantas masacres sufridas para poder tener unos derechos sociales (que todavía no se nos han reconocido del todo, y los pocos que tenemos se derrumban por momentos) y tanta sangre derramada defendiendo un derecho y un deber de participación ciudadana en la res publica, defendiendo la virtud cívica, para que al final sólo nos quede una simple relación económico-clientelar entre ciudadano y Estado basado en el simple intercambio de bienes y servicios por dinero.

Sólo se vela por que al individuo se le dé bien el cambio y se le lleve a su destino en correctas condiciones en un tiempo razonable (siempre que pague, claro). Nada más. ¿Será esto el comienzo del fin de nuestra propiedad privada (Metro de Madrid no se responsabiliza de los objetos substraídos , es decir, de los ladronzuelos que rondan sus instalaciones), de nuestra protección a la salud (el aire de Metro no es precisamente el más puros y saludable), a nuestra intimidad (más de cinco mil cámaras de “vigilancia” siguen nuestros pasos en toda la red), a la participación (las condiciones vienen impuestas desde una empresa)...? Pasando de ser ciudadanos a ser clientes, casi todos nuestros no sirven en tanto en cuanto el Estado se convierte en una simple empresa. Salvo la defensa de los consumidores, único límite del poder en una relación económico-clientelar.

Señores clientes, su libertad de circulación dependerá a partir de ahora del poder de su cartera, que se verá convertida (si tiene capacidad) en un afilado machete para abrirse paso entre la espesa vegetación de la selva urbana. Salvo que se disponga a circular a pie, qué duda cabe, mucho más saludable que los pasillos de Metro de Madrid, pero menos eficiente para llegar a su destino.



domingo, 14 de junio de 2009

¡Qué bonita te has puesto, Guadalajara!


Un árbol enfermo de San Roque ha vuelto a cobrar vida: se ha convertido en el achuchón de dos amantes. Escultores alcarreños han rendido un homenaje para los jóvenes enamorados de Guadalajara, que son el presente y el futuro de una ciudad que se ha vestido este fin de semana con sus mejores galas.


El verano comienza a arreciar entre las flores y las terrazas de San Roque, y unos metros más adelante los niños cruzan las calles a los lomos de un pequeño poni, o conquistan los mares en un barco pirata, o viajan por el mundo con historias y juegos que los graciosos bufones preparan para ellos, mientras, con los mayores, disfrutan de sabrosos crepes, de dulces caramelos de todos los sabores imaginables, de contundentes churrascos y kebabs. Quien no come, se prueba unas alhajas, intentan juegos de ingenio o tratan de preparar un viaje a través de antiguos mapas. El parque de la Concordia se ha convertido en un gran zoco donde los guadalajareños disfrutan del mercadeo más propio de Marrakech que de la recóndita Castilla.

La marea de ciudadanos camina calle Mayor abajo, sorteando zanjas y socavones, hasta el palacio del Infantado, erigido en el templo de la magia y la imaginación. Guadalajara es más que nunca la Ciudad de los Cuentos. En la abarrotada plaza de los Remedios, un escenario decorado con soles y lunas sirve de diversión interactiva para pequeños y mayores; en la fuente, una decena de chiqueros se lo pasan en grande correteando entre los chorros de agua tratando de sofocar el intenso calor de junio. En los jardines de palacio se juntan amantes de los libros de cuentos, poetas emulando a Cyrano de Bergerac, aquéllos que disfrutan con un buen té y chavales correteando entre el laberinto de arbustos. Los alrededores de palacio se ha convertido en un ir y venir de gente. Y dentro, en el patio de los Leones, los auténticos protagonistas de este mágico lugar. Ciudadanos de todas las edades, de todas las nacionalidades, hablantes de muchísimos idiomas, varones y mujeres, gente de Guadalajara, España, Europa, África, América, Asia y Oceanía, que se suben al escenario para compartir con todos, los presentes o los que lo siguen a través de las ondas y la red de Radio Arrebato, lo más maravilloso y real del ser humano, los cuentos. Uno detrás de otro, día y noche, durante cuarenta y seis horas seguidas, historias y recitadores levantan la sonrisa de una ciudad que se ha engalanado para recibirlos.

¡Qué bonita te has puesto, Guadalajara! Y así te queremos siempre.



martes, 19 de mayo de 2009

Maldita hermosura


¿Dónde quedó el reloj?

Todo parece estático. Solamente se escucha el choque del viento entre los árboles. Las piedras llenas de musgo sobre el suelo herboso denotan que los muros de los edificios cayeron hace mucho tiempo. Y desde entonces nada ha vuelto a pasar.

Es muy placentero estar sentado sobre lo que debió ser un poyo, perdiendo la mirada hacia el bosque. Cuesta abajo, antes del primer pino, el arroyo lleva algo de agua, seguramente fruto del calor que deshace la nieve de la montaña. Ya no queda puente que lo cruce, tan solo unos árboles caídos que unen las dos orillas. El camino queda cortado por el riachuelo dando cuenta de que ya nadie quiere pasar por allí. Si uno se concentra puede escuchar el corretear del agua algo exagerado para lo escasa que es; seguramente sea un manantial escondido que está en su pleno apogeo.

Es todo muy bello. Las flores comienzan a crecer, el olor de la jara se hace intenso, las mariposas lucen sus coloridas alas, las nubes pasan deprisa. Me hubiese encantado que estuvieras conmigo en ese momento, en medio de la nada como un todo en el mundo. Tú y yo solos en el paraíso que un día pasado recuperó la naturaleza al hombre. Esa misma naturaleza que te llevó consigo para siempre. Esa naturaleza que hoy me parece maldita y hermosa.

domingo, 17 de mayo de 2009

Si Dios fuera una mujer

¿y si Dios fuera una mujer?
-Juan Gelman

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.


Mario Benedetti (1920-2009)

martes, 12 de mayo de 2009

Hay una estrella más iluminando el cielo


Hoy, martes 12 de mayo de 2009, la música de nuestro país ha quedado huérfana. Esta noche una nueva estrella brillará en el cielo. Será la de Antonio Vega.

En los últimos años su cuerpo ya parecía el de un muerto viviente estático encima de los escenarios. Parecía como si no fuese capaz de seguir adelante si no era por el aliento del público que le animaba a continuar por la senda de la poesía musicada. Las drogas, el SIDA y el cáncer hicieron el resto.

Esta mañana, el alma de Antonio se esfumó definitivamente de ese desmejorado cuerpo. Se fue como mejor sabía, sobre los escenarios, el sitio de su recreo y donde se mentuvo en vida hasta que no pudo más. Hoy se ha despedido de todos, y nos ha dejado su verso, sus notas y su corazón. Ha vuelto allí donde se creó la primera luz, junto a la semilla del cielo azul, a ese lugar donde nació.

El cielo se encapota con las horas, pero seguro que esta noche se abre para que todos podamos contemplar a su nuevo inquilino brillar.

Gracias, Antonio, y hasta siempre.



lunes, 11 de mayo de 2009

Sacedoncillo parado en el tiempo


El tiempo ha quedado parado en Sacedoncillo. El silencio es continuo, tan solo roto por el continuo sonar de los grillos en primavera y verano, por algún que otro animalejo de paso y por el efecto del viento chocando con los cercanos pinares. La guerra civil y la lejanía de los grandes núcleos urbanos acabaron con el pueblo. Una camioneta en chatarra junto a la primera casa en ruina, comida por los disparos de los cazadores que se divierten antes de la batida, recibe al viajero que se acerca por el camino que une los restos con la carretera. El camino, que hoy es parte del GR-10, unía Tamajón y Cogolludo. De ello quedan todavía las bases del pequeño puente que cruzaba el arroyo, que lleva agua únicamente en épocas lluviosas y de deshielo. Parte de ese agua surge de una pequeña fuente escondida entre los arbustos, la fuente de la Teta, que, en un gesto de necesidad aunque con cierto aire socarrón de los vecinos de Sacedoncillo ante la guerra, luce como caño un obús.

Los restos de la aldea se extienden en cuesta hacia el arroyo. Todavía se pueden adivinar la calle principal que lo cruzaba y la plaza, en donde quedan en pie los muros de la iglesia. El templo de Sacedoncillo es de estilo románico, muy sencillo y de pequeño tamaño, como la mayoría de los de alrededor. La entrada está mirando al vallejo y a los montes que separan Sacedoncillo del río Sorbe y el embalse de Beleña. Se adivina el soportal de la entrada, y el muro, junto al contrafuerte que lo sustenta, todavía se abre a un pequeño ventanal de arco de medio punto. El interior, prácticamente diáfano, salvo una pequeña puerta tapiada bajo el ventanal y en frente lo que fue la capilla, hoy macetero de un arbolejo poco afortunado.


En el resto de los edificios, la mayoría casi por los suelos y ninguno sin techumbre, todavía se pueden reconocer las dos o tres habitaciones que tenían en su planta baja; y en algunas aún se mantienen los marcos de las puertas e incuso alguna ventana enrejada. Si la maleza no se ha apoderado de las piedras es por el paso habitual del ganado, que pasta por la aldea tranquila y silenciosa, parada en un tiempo que nunca debía haber pasado.

martes, 28 de abril de 2009

Corriendo

Luego se fue corriendo. Pero corriendo, corriendo, corriendo. No había quien lo pillase.

Un pie delante. Luego el otro. Después el primero. Y otra vez el otro.

Voy a intentarlo yo. A ver, que voy. Un pie. Otro. Espera, que me agarro aquí. ¡Aaaaahora!

¡Uf, qué difícil!

¡Adelante, Manuelín, que tú puedes!. Un pie. El otro. Ahora el primero. De nuevo el otro.

Me cuesta, me cuesta...

Desde luego, para correr de esa manera, mi papá debe ser un gran atleta.

sábado, 28 de febrero de 2009

Inquietante quietud

No puedo dormir. Algo recorre mi cabeza que quita el sueño. No sé bien de qué se trata. O no sé describirlo. Es una sensación extraña, mezcla de angustia y tranquilidad, como si sucediese algo que no sucede. Llevo dos horas apoltronado en el sofá intentando concentrarme en la lectura por ver si por fin se me cierran los ojos. Me es imposible.

Ya que no consigo caer en letargia, prefiero dar una vuelta. Me visto, cojo ropa de abrigo porque el frío arrecia por estas fechas. Es fin de semana y las calles estarán repletas de gente intentando sacar un poco de desenfreno en una semana que exige demasiado esfuerzo. No me gusta el alboroto ni el exceso de ruido. Me agobian las aglomeraciones, me sacan de quicio. Las plazas de la ciudad durante el fin de semana no son precisamente un paraíso para mí. Aún así, necesito fervientemente tomar el aire esta fría noche.

Ya en el ascensor del edificio el vaho surge de mi nariz y de mi boca como el humo del brasero. Sigo sintiéndome extraño. Hay algo que me inquieta, pero no le doy demasiada importancia. Al salir del portal percibo que no hay un solo coche aparcado en la calle. Han debido salir los vecinos de sus casas. ¿Pero todos? Casualidad. O no.

El bulevar también está completamente vacío: ni un solo vehículo aparcado, nadie caminando por la calle, ni un solo ruido, ni una sola luz en la ventana de los edificios. Tan solo yo, la ciudad y el silencio. Siempre he soñado con algo así, con la tranquilidad en las calles. Y en parte me gusta esta situación. Pero también me incomoda, y mucho. No termino de acostumbrarme a esta situación.

El silencio extraña en una avenida como ésta. Los taxis no la recorren de arriba abajo. Los jóvenes no vuelven a sus casas después de tomar unas copas y echar unos bailes. No hay parejas besándose bajo la luz de una farola. Ya no temo únicamente estar completamente solo en un mar de cemento y alquitrán como un velero en medio del océano, me angustia pensar que en cualquier momento pueda aparecer alguien. ¿Quién sería? ¿Qué pretendería? No puedo continuar así. Sin embargo, tengo que continuar caminando, tengo que volver a casa. Miro por todas las esquinas buscando a alguien que no quiero encontrar. Creo que me estoy volviendo loco. ¿Por qué la ciudad está muerta? ¿Qué está pasando? ¿Qué hago yo aquí?

¿No te asusta la idea de estar en una ciudad vacía?


miércoles, 25 de febrero de 2009

Alta velocidad

Aprovechando parte de los trazados de los antiguos y deficientes caminos reales españoles, en el siglo XVIII se comienzan a construir lo que hoy son las carreteras radiales (la mayoría ya convertidas en afortunadas autovías).


Un siglo más tarde llega a nuestro país, de la mano y el bolsillo ingleses, la red de ferrocarriles, que hoy llamamos convencionales (que entonces no lo eran tanto). Eso sí, vía ancha, no se nos vayan a descarrilar los trenes por las montañas[1]. Miedos de los ingenieros de entonces.


A finales del siglo XX comienzan a extenderse los puentes aéreos, que se ven completados con la aparición de las compañías aéreas de bajo coste que te llevan de un lugar a otro de España o de Europa por un módico precio que jamás ofrecerían las grandes compañías (éstas sí) convencionales.


Y por fin el tren de alta velocidad. En España se inauguró en 1992 de Madrid a Sevilla aprovechando la Exposición Universal que se iba a celebrar en la capital andaluza. Son cosas de dos ilustres sevillanos, Felipe González (Presidente del Gobierno por aquel entonces) y Alfonso Guerra (su Vicepresidente), porque lo más lógico hubiese sido inaugurar antes el que uniese la capital de España con Barcelona (segunda ciudad española en casi todos los sentidos –primera en otros-, puerta del país a Europa y sede de los Juegos Olímpicos ese mismo año 1992). Pascual Maragall (Alcalde de Barcelona) aceptó resignado tras escuchar las, al parecer, convincentes razones que le esgrimió el Presidente.


Ya en los primeros años del siglo XXI se van inaugurando en España más líneas de alta velocidad (bajo las majestuosas y expresivas siglas de AVE -¡vuela!-) a Huesca, Barcelona, Valladolid, Toledo y Málaga, además de las ya proyectadas o en construcción a País Vasco, Galicia, Asturias, Valencia y Portugal. Dejando a un lado costes de los billetes para los usuarios, beneficios para la economía del país, etcétera, el AVE, como las anteriores vías de comunicación expuestas en las líneas anteriores, tiene como función fundamental el vertebrar un país (aun con la España invertebrada de Ortega), la comunicación entre sus habitantes que cohesione todas las partes que lo componen. En este sentido, aunque no pretendo centrarme en él en estos párrafos que usted lee (espero que con atención y sin aburrirse demasiado), las razones que da la llamada izquierda abertzale para que no se construya el AVE al País Vasco no es tanto la medioambiental (el avión es mucho más contaminante y degrada más el entorno natural que el tren), como tratan de justificar a veces, como la de la unión que supone con el resto del país. Ya sabemos, como dijo Pío Baroja, que el nacionalismo se cura viajando y que los nacionalistas (todos) temen que el sentimiento patriótico de sus compatriotas (valga la redundancia) se desvanezca en el momento que comiencen a compartir con otros y que se cohesione su querida nación con la de al lado.


Leo en El País del miércoles 25 de febrero de 2009 la noticia titulada Roma impulsa la línea de tren de alta velocidad Turín-Lyon. Reino Unido, Francia, Bélgica y Alemania, es decir, el corazón de Europa, ya está vertebrado por la alta velocidad ferroviaria, y pronto se le unirá Italia, si es que el proyecto no vuelve a estancarse como ha ocurrido hasta ahora. Pronto le debe tocar a España, vía Barcelona por el llamado corredor noreste y vía San Sebastián (sí, vía País Vasco, aunque poco les guste a los nacionalistas vascos la cohesión con Europa) por el llamado corredor norte. Y con España viene Portugal, uniendo dos países que vieron separada por la historia su unión natural.


Las razones para la concreción de una red ferroviaria de alta velocidad a nivel europeo, como dejé claro antes, no son tanto económicas, como apuntó el Ministro de Infraestructuras de Italia, Altero Matteoli[2], sino políticas. En el mundo actual tan globalizado, donde las relaciones internacionales están a la orden del día si un país quiere mantener su supervivencia y la de sus conciudadanos, la capacidad de influencia y de autonomía corre a cargo de los grandes. Todos los países que buscan una hegemonía, ya sea regional o mundial, son grandes potencias demográficas y territoriales (y por ende, vastas en recursos) como Estados Unidos, China, India, Rusia o Brasil. Europa no lo es menos, y si los estados europeos pretenden su supervivencia y su independencia política, social y económica[3] no les queda más salida que la cohesión de todos ellos en una Institución que les represente ante el mundo. Esa Institución, Europa, ha de mostrarse con propia identidad en la cual todos los ciudadanos europeos nos veamos reflejados.


La tesis definitiva que he pretendido exponer en este artículo es que las obras con el fin de comunicar a las gentes de las distintas zonas de un territorio, como la que he querido tratar del ferrocarril de alta velocidad europeo (así como las de las carreteras, los puentes aéreos, etcétera, etcétera), buscan la vertebración necesaria de ese territorio, no sólo en torno al beneficio económico que conlleve, sino también al beneficio social y político dentro del mundo internacionalizado en que vivimos.




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[1] Lo de que fuesen más anchos para que no entrasen los franceses a España vía ferrocarril parece más un mito nacionalista que otra cosa. Si no quieres que usen el ferrocarril para invadirte, nada más sencillo que no llevar las vías hasta la frontera.


[2] Altero Matteoli: “… una infraestructura [el proyecto de tren de alta velocidad entre Turín y Lyon] esencial para la economía de los dos países [Francia e Italia] y, en general, de toda Europa”. El País, miércoles 25 de febrero de 2009, página 4.


[3] Un profesor mío siempre decía, exageradamente pero con parte de razón, que en Europa (por la UE) sólo hay cinco Estados: Inglaterra, Francia, Alemania, España e Italia, y que los demás no eran Estados, sino proyectos de ello dependientes de los que lo son realmente. Siendo otro el contexto, esta anécdota la presento como ejemplo ilustrativo de lo que quiero referir.


sábado, 7 de febrero de 2009

Abén matado


Pueblo arrasado,

almas caídas,

lecho quemado,

entes perdidas,

sueño robado,

tierras gemidas,

infiel creado,

noches dolidas,

abén matado.