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domingo, 23 de diciembre de 2012

El nacimiento de una micronación


Clase básica de Teoría del Estado. Todo Estado debe tener, al menos, territorio, población, gobierno, hacienda, defensa y reconocimiento internacional. Con estos seis elementos puede sustentarse cualquier entidad, por pequeña que sea o por insignificante que parezca. De aquí a un corto tiempo presenciaremos el nacimiento de uno nuevo y cómo va construyendo paulatinamente todos estos elementos. Me refiero al Reino de Eurovegas.

Territorio
Eurovegas tendrá una extensión de 12,71 km2. Sólo la Ciudad del Vaticano y Mónaco serán más pequeños, pero es superficie más que suficiente para constituir su independencia. Su territorio será usurpado al municipio de Alcorcón tras un regalo desinteresado del Gobierno de la Comunidad de Madrid al padre fundador de Eurovegas y con el beneplácito del Gobierno de España, que acepta así la pérdida de soberanía de una parte de su territorio (pequeña, bien es cierto), como ya aceptó en 1953 cediendo la soberanía de las bases militares de Torrejón, Zaragoza, Rota y Morón en favor de los Estados Unidos.

Población
Aunque en principio requerido, la experiencia muestra que no es conditio sine qua non tener nacionales del país, pues tenemos un antecedente en la Ciudad del Vaticano. Aunque, siguiendo el ejemplo, si pudiésemos identificar a los católicos como los nacionales de la Ciudad del Vaticano, los nacionales de Eurovegas bien pueden ser los propios clientes luderos que gustan de lapidar sus ahorros entre máquinas de luces y black jacks.

Gobierno
El Gobierno de Eurovegas se centra hoy por hoy en el rey y padre fundador, caudillo por la gracia del dólar, Sheldon Anderson. En el momento de su muerte, que por edad llegará más temprano que tarde, se convertirá en el inspirador nacional, en el Kim Il Sung de Eurovegas. Porque gobierno, lo que se dice gobierno, necesita más bien poco, si acaso un puñado de laderos que se dediquen a mantener los flujos de capital que prevén generar para sí. Para gobernar un gobierno necesita leyes, y precisamente lo que primará en el Reino de Eurovegas será la ausencia de leyes y de una mínima estructura de convivencia: no son necesarias  mientras fluyan los números; por supuesto, tampoco las de España, país del que se está independizando.

Hacienda
Junto con la merced de las autoridades españolas, es el mayor logro conseguido hasta ahora conseguido por  el Reino de Eurovegas, llenar las arcas para empezar a funcionar, todo a costa de la inversión de bancos españoles quebrados y rescatados con el dinero de todos los ciudadanos de a pie. Después de poner a sus pies a los gobernantes de Madrid y de España para que le ceda la soberanía de un puñado de hectáreas de su territorio donde deslegislar, el próximo gran paso es la absoluta independencia económica, libre de impuestos, o incluso con la ayuda de las vacías arcas de las administraciones públicas españolas. En cuanto a la moneda, es lo de menos: se usará el euro para cobros y pagos y se transformará en dólares contantes y sonantes repatriados a la Nevada original.

Defensa
El ejército como tal está retrocediendo en estos tiempos y se vuelve a la moda medieval y moderna de los mercenarios. Una buena compañía de seguridad bien armada será quien vigile la aduana instalada junto a la M-40 y se encargará de redimir pequeños altercados fruto de los excesos del alcohol, las drogas y la pérdida del pan de sus hijos en una mano mal lanzada.

Reconocimiento internacional
Tendrá el más importante: el de su vecino más inmediato, con el que comparte el 100% de su frontera, España. A él se le sumará su mentor e inspirador en el Nuevo Mundo, el Estado de Nevada, así como también, a buen seguro, decenas de pequeños y paupérrimos estados, fáciles de alquilar, además de competidores a nivel mundial en el negocio del juego, pero sin embargo amigos. El lector bien se puede imaginar a quiénes me refiero.

lunes, 16 de abril de 2012

Por las calles de Madrid: la de Puñonrostro

Madrid tiene muchas calles, tantas que últimamente los concejales, técnicos de urbanismo o quien tenga la competencia y capacidad, tienen que escudriñarse mucho la cabeza para ponerles nombres. Se busca una lógica (que si ríos, que si escritores, que si ciudades, que si países, que si mujeres...), pero las series de conceptos se terminan acabando, y con ello los nombres.
No ocurría lo mismo hace tiempo, ni siquiera cuando los nombres de las calles eran cosa de la lógica (e incluso el gracejo) del populacho: ahí tenemos las calles del Pez, del Desengaño, de Válgame Dios, Mira el Río Baja o el paseo de los Melancólicos; las calles con nombres de oficios (Libreros, Cuchilleros...), de ciudades cercanas a donde iban las carreteras que hoy son calles (Alcalá, Toledo, Fuencarral, Hortaleza...), y un sin fin que completan el callejero del centro de Madrid.

Entre los nombres más impactantes está, sin duda, el de Puñonrostro. En contra de lo que quizá puedas pensar, este callejoncillo muy cerca de la plaza de la Villa no debe su curioso nombre a una de las fases resultantes del movimiento producido a la hora de dar una hostia en la cara con los dedos bien flexionados y los nudillos bien en punta. Los madrileños siempre han tenido fama de ser muy retorcidos y de adolecer de buen humor a la hora de nombrar a las cosas, pero no llegaban al punto de consagrar su ciudad al noble arte de la pelea (al menos de manera tan directa; sí eran más sutiles otras veces, como el caso de la calle de la Cabeza, dedicada a una vieja leyenda que no voy a relatar ahora pero que sí apuntaré que la melenuda chola -a juzgar por la baldosa indicadora de la calle- era la de un sacerdote al que decapitó su sirviente).

Baldosa indicativa de la calle de Puñonrostro en Madrid.
(Fuente: MadridDeLosAustrias, publicada
en Flickr bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0)
Pero no nos perdamos. El callejón, que antes era el de las Carboneras, tiene hoy el nombre que tiene porque aquí estaba la casa de Juan Arias Dávila, señor de Puñonrostro. Apréciese que entonces Madrid no era más que un cogollito de ciudad, pero que ya empezaba a ser una junta de nobles que querían tener influencia en el poder político de la nueva corte de Isabel I de Castilla y Fernando VI de Aragón; de hecho, el señor de Puñonrostro compró la casa a Fernando del Pulgar, cronista de los Reyes Católicos.
¿Pero por qué Puñonrostro, le pegó a alguien? No, que se sepa. La organización feudal de la llamada extremadura castellana se basaba en los señoríos jurisdiccionales donde un señor administraba y sacaba partido a esas tierras como bien gustase, eso sí, acatando unos fueros que en algún momento le concedió el rey correspondiente tras una buena lección de diplomacia, peloteos serviles y una módica suma económica. Y esto se heredaba, como heredó Juan Arias Dávila el señorío de Puñonrostro de sus antepasados, tres antes que él.
Heredó un pequeño señorío en medio de la Sagra que se llamaba Puñonrostro porque así se llamaba la villa de cabecera y de la cual hoy no queda nada, ni la toponimia en los mapas del Instituto Geográfico Nacional. Pero al parecer, en la jurisdicción de este señorío se encontraban los lugares de Casarrubios del Monte, Valmojado y las Ventas de Retamosa, por lo que cabe entender que Puñonrostro puede que se encontrase entre estos tres pueblos hoy de la provincia de Toledo, si no es el nombre antiguo de alguno de éstos.
¿Y quién y por qué tuvo la idea de ponerle tan elocuente nombre al lugar? ¡Pues vaya usted a saber! Echémosle las culpas, por ejemplo, al gracejo castellano.

Continuando con la historia de esta gente, al poco de comprar la casa, Juan Arias Dávila recibió en 1523 de manos de Carlos I (su madre Juana ya estaba entonces encerrada en Tordesillas con una cierta "locura senil", salvo para lo que su hijo le pidiese firmar) el título de conde de Puñonrostro como reconocimiento por haberle ayudado en su lucha contra los comuneros defendiendo el castillo de Illescas y el alcázar de Madrid. La influencia y el favor real que tuvieron los señores (luego condes) de Puñonrostro se ve reflejado en la posesión de dos castillos en la comarca de la Sagra: uno en Torrejón de Velasco y otro en Seseña, que aún conservan el nombre de castillo de Puñonrostro.

Para ir acabando, apuntar solamente que algunos de los sucesivos condes de Puñonrostro tuvieron ciertos papeles importantes en la vida política española, como Juan José Matheu y Árias Dávila, décimo conde, firmante de la Constitución de Cádiz en representación de Granada; o su hijo, Francisco Javier Arias Dávila y Matheu, undécimo conde, que fue alcalde de Madrid en 1864, mayordomo de la reina Isabel II en 1866 y presidente del Senado en 1884. Avatares de la historia, dos liberales de su época.

sábado, 6 de marzo de 2010

Cuatro gotas y marabunta en El Foro

Es un día cualquiera entre semana y caen cuatro gotas sobre Madrid. Las carreteras de entrada a la ciudad se atascan, accidente a la altura de Barajas, el autobús lleno, la gente resignada a perder unos minutos de su valioso tiempo de viaje hacia el trabajo. Se ve desde el cruce con la M-30 que hay en los ambos sentidos, vías de servicio incluidas, dos grandes hileras de coches a modo de orugas que no avanzan. La estación de Avenida de América llena de viajeros bajándose de los autobuses o guardando cola pacientemente, aunque sepan que en el siguiente no entran. El metro sobrecargado a horas que no lo suelen estar; como sardinas en lata esperando que algún camarero la destape y nos sirva en el plato de algún bar infecto de grasa y vino peleón.

Cada vez estoy más convencido: los madrileños son descendientes directos de los Gremlins, con el gusto de haber acudido al salón de belleza a acicalarse un poco. Y la prueba está en que, cada vez que llueve, las carreteras se taponan, el metro se llena, por la Gran Vía corretean mareas de paraguas escondiendo rostros humanos (o quién sabe de qué), la sección de perfumería de El Corte Inglés expande una mezcolanza de olores más sobrecargada de lo habitual... Pero cuando hace sol, las carreteras se taponan un poco menos, en el metro se puede viajar sin tener que preocuparse porque tu mano palpe sin querer partes prohibidas de otros, las calles quitan las caretas a los paseantes, que pueden caminar sin tropezarse con la puerta de un centro comercial...

¿Pero qué hacen con todos los Gremlins que había cuando llovía? ¿Los meten al Zara, los llevan de excursión a Gandía, a una isla perdida en medio del Atlántico, van de público a Telecinco...? Son cuestiones sin resolver que algún día habría que investigar.